Rabietas infantiles: entenderlas para acompañarlas mejor

Pocas escenas ponen tanto a prueba la calma como un niño tirado en el suelo de un supermercado, gritando, mientras todo el mundo mira. Y sin embargo, las rabietas son uno de los comportamientos infantiles mejor documentados que existen, y casi todo lo que se sabe sobre ellas apunta en la misma dirección: son normales, tienen una función real y su duración es breve.

Aquí tienes lo que puede ayudarte a mirarlas con más calma: cuánto duran de verdad, qué las provoca, qué tipos existen y cuándo tiene sentido consultar a un profesional, como complemento a lo que ya vimos sobre el porqué neurológico de las rabietas en el artículo sobre las etapas del desarrollo emocional.

Cuánto duran realmente

Aquí hay un dato que sorprende a muchas familias: según un estudio con 335 niños de entre 18 y 60 meses, tres de cada cuatro rabietas duran cinco minutos o menos, y lo más habitual es que duren entre medio minuto y un minuto. La duración media ronda los tres minutos, y son más intensas justo al principio.

Con la edad, las rabietas se vuelven menos frecuentes y, en cambio, algo más largas. La sensación de que «duran una eternidad» nace de lo desbordante que resulta vivirlas, tanto para el niño como para el adulto que lo acompaña.

A qué edad son más frecuentes

Las rabietas pueden aparecer desde los 12 meses, son más frecuentes entre los 2 y los 3 años, y se vuelven claramente menos habituales a partir de los 4 o 5. Los estudios recogen rabietas en el 87 % de los niños de 18 a 24 meses, en el 91 % de los de 30 a 36 meses y en el 59 % de los de 42 a 48 meses. Es una curva bastante predecible: sube, llega a su punto máximo entre los 2 y los 3 años, y baja según el niño gana lenguaje y otras formas de expresar lo que quiere o necesita.

Qué las provoca

Las causas más habituales son sencillas y muy humanas: frustración, cansancio, hambre y malestar físico. A esto se suma algo propio de esta edad: el niño quiere más autonomía y control sobre lo que le rodea del que puede manejar por ahora, y esa distancia entre lo que quiere hacer y lo que puede hacer es, en sí misma, un motor habitual de rabietas.

Dos tipos de rabieta, la misma normalidad

La psicología describe dos funciones distintas detrás de una rabieta. Ambas forman parte del desarrollo típico:

  • Rabietas con función comunicativa: el niño está desarrollando todavía las palabras para expresar lo que siente, y la rabieta es su forma de comunicar algo que aún está aprendiendo a poner en palabras.
  • Rabietas con función instrumental: el niño ha aprendido que, en ciertas situaciones, esa reacción intensa puede ayudarle a conseguir algo, o a evitar algo que no quiere hacer.

La función instrumental es aprendizaje: el niño explora cómo funciona el mundo que le rodea con las herramientas que tiene a esa edad. Forma parte del proceso.

Rabieta y crisis sensorial: dos reacciones distintas

Existe otra reacción que por fuera se parece a una rabieta: la crisis sensorial (lo que en inglés se conoce como meltdown, frente al tantrum de la rabieta). Ocurre cuando el sistema nervioso se satura de estímulos (ruido, luz, texturas, exceso de información) y responde con una reacción similar por fuera, pero con un origen distinto por dentro.

Distinguirlas ayuda a acompañar mejor, porque cada una se acompaña de forma distinta: la rabieta suele responder bien a la contención y la validación emocional del adulto, mientras que la crisis sensorial se acompaña, ante todo, reduciendo los estímulos del entorno. Esta distinción es especialmente relevante en niños con determinadas configuraciones sensoriales o neurológicas, un tema que se explora con más profundidad en el pilar de diversidad y desarrollo individual de este sitio.

Cuándo tiene sentido consultar a un profesional

La gran mayoría de las rabietas forman parte del desarrollo típico y desaparecen por sí solas según el niño madura. Hay, sin embargo, algunas señales que sí justifican una consulta con el pediatra:

  • La rabieta dura de forma sistemática más de 15 minutos.
  • Sucede muchas veces al día, de forma mantenida.
  • Persisten con la misma frecuencia después de los 5 años.
  • El niño se hace daño a sí mismo o a otras personas con frecuencia.
  • Aumentan en intensidad, frecuencia o duración con el tiempo, en vez de disminuir.

En raras ocasiones, una rabieta muy persistente puede estar relacionada con una causa subyacente (un problema de audición o de visión, un retraso del lenguaje, u otra condición del desarrollo) que conviene que valore un profesional.

Preguntas frecuentes

¿Las rabietas son iguales en niños y en niñas? Sí. Son igual de frecuentes en niños que en niñas: el sexo no parece influir en su aparición.

¿Es verdad que las rabietas son para llamar la atención? En parte, y forma parte del desarrollo: llamar la atención de un adulto de referencia es una necesidad legítima a esta edad.

¿Cuándo desaparecen las rabietas? Para la mayoría de los niños, las rabietas se vuelven mucho menos frecuentes a partir de los 4 años y son poco habituales pasados los 5, según adquieren lenguaje y otras formas de regular y expresar lo que sienten.

¿Qué diferencia hay entre una rabieta y una crisis sensorial? Una rabieta suele responder a la validación emocional y la contención; una crisis sensorial se acompaña, ante todo, reduciendo los estímulos del entorno. Distinguirlas ayuda a saber qué tipo de acompañamiento tiene sentido en cada momento.

Para seguir explorando

Este artículo forma parte del pilar de Autorregulación Emocional. Puedes continuar con:

Este contenido tiene carácter divulgativo y se basa en fuentes médicas y psicológicas de referencia. No sustituye la valoración de un profesional. Si te preocupa la frecuencia, duración o intensidad de las rabietas de tu hijo o hija, un pediatra puede valorar la situación de cerca.

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